Las danzas Folklóricas Argentinas

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Escrito por David

El gran incremento alcanzado últimamente por nuestras danzas folklóricas en el ambiente ciudadano, puede explicarse como respuesta a una ineludible necesidad de "retorno a la tierra" a la que no es ajena la evidente decadencia que se comprueba en la calidad de las piezas de música bailable "comercial" o vulgar. En efecto, la creación de melodías inspiradas tan valiosas como raras, sea en el terreno de la música culta como en el de la popular que proveyó de material "bailable" a nuestros salones durante décadas, ha declinado ostensiblemente. Muchas de ellas consisten en demostraciones de instrumentación abigarrada; otras en elementales reiteraciones de ritmos obstinados y, muy pocas, denotan la presencia del artista popular, que sepa expresar con medios simples, el sentir de su pueblo.

Hay música bailable que, si en su país de origen puede tener la significación que le confiere el ambiente o los individuos, al irrumpir en nuestro medio a través del Cd-cassette-Mp3, la radio o el cine no siempre logra imponerse y a veces termina por desaparecer ante la indiferencia del pueblo. Esta decadencia de que hablamos, se hace además evidente por la insistencia en utilizar trozos célebres del repertorio clásico, romántico o moderno, aplicándoles los ritmos de los bailables en boga. De ahí que, si nuestro tango es el representante reconocido de lo porteño por excelencia, con creaciones de real interés, expresiva, poética y musicalmente, las danzas folklóricas encarnan la idiosincrasia de la campaña, y por su gracia, donaire y arraigo, merecen el resurgimiento actual. Originadas en su mayor parte de las europeas, muchas de ellas españolas, cobraron pronto "carta de ciudadanía", es decir, fueron asimiladas por el pueblo que las hizo suyas, quitando o agregando aquello que estimó más apropiado a su temperamento. Realmente, hoy es imposible reconocer en dichas danzas la coreografía de origen, y en cambio, no podría decirse que haya un solo gesto, giro o zapateo que no esté totalmente identificado con nuestras características étnicas. Se ha producido el fenómeno de que las clases de los centros urbanizados "superiores", según la clasificación sociológica, imiten a las "inferiores". O en otras palabras, el campesino ha impuesto sus hábitos al hombre cultivado, por la perentoria urgencia de éste de "encontrarse" a sí mismo.

Evidentemente, ha sido superado un período de descreimiento en las posibilidades de nuestra propia capacidad, y de ello hay que felicitarse. Coreográficamente las danzas folklóricas poseen equilibrio, gracia y elegancia, con características fundamentales como la de bailarse en parejas "sueltas", o sea, sin enlazarse, que las preserva de todo sensualismo, y exige de los participantes un despliegue de elemental virtuosismo generalmente ausente en los bailes de otro tipo. En la actualidad no se concibe una reunión en la que no se bailen un Gato o una Zamba, con la grata participación de con currentes de todas las edades, pues hasta nuestros mayores se sienten animados a bailar para demostrar que el retorno al modo criollo vuelve a dar ritmo al tiempo y gracia a la expresión.

Prof. Antonio Barceló

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