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Un político se puede definir como “el que trabaja  o hace política”, siendo esta una definición tan ambigua y estúpida que ni vale la pena mencionar, pero me gusta hacerlo porque es lo que figura en algunos diccionarios que se tildan a si mismos como eruditos.
Vamos a extendernos en  la definición. Podríamos….decir por ejemplo…a ver… esteeee…bien, arrancamos.
Un político es aquella persona que trabaja, en las democracias modernas, en pos del bienestar de los ciudadanos. Se ha especializado en el arte de “tratar con la gente” (que es otra definición de “política”, de las tantas que se le han dado)  y, en base a ese trato, busca ser elegido para trabajar y luchar por el bienestar común.
Pero… vayamos al principio

El término democracia deviene de “demos” (pueblo) y “cratos” (gobierno. Es decir gobierno del pueblo. Ocurre que en la Grecia antigua, las ciudades eran pequeños estados autogobernados y, a raíz de las constantes agresiones de los persas, buscando dominarlos, se formó una liga de ciudades y nombraron a una de ellas para que recibiera las contribuciones de todas las polis a fin de mantener preparado y listo a operar, un ejército especializado que los defendiera, mientras tanto las ciudades dedicaban toda su energía a trabajar en crías de animales, cultivos, artes, etc. Para ello las ciudades pagaban anualmente grandes contribuciones a la ciudad –policía, a fin de mantener ese poderío bélico.
Las ciudades estaban dividas en demos, algo así como barrios y cada demo tenía un representante; cada representante se integraba a la asamblea. De la asamblea de la ciudad salía quien iba a representarla ante la gran asamblea que tenía su sede en Atenas, la ciudad elegida para agruparlas y mantener el poderío bélico.
Es decir que en Atenas, se congregaban los representantes de todas las ciudades para tomar las decisiones que interesaban a cada una de ellas. Cada representante iba a la asamblea con las inquietudes  y necesidades de la ciudad.
El término político deviene de “politeia”, que en griego significa algo así como el arte de gobernar y trabajar en la cosa pública. De allí que a los representantes de las ciudades se les llamara políticos.
Pero ocurrió (cualquier semejanza a la actualidad es mera coincidencia) que durante el siglo V, llamado siglo de Pericles, Atenas utilizó las contribuciones de las ciudades, para enriquecerse ellos mismos culturalmente. Aparecieron los grandes artesanos, filósofos, sofos,  artistas de diferentes disciplinas, matemáticos, escultores, etc. Fue una ciudad luz, llena de hermosos palacios, grandes academias y donde la gente vivía cómodamente en la paz y dolce farniente  admirando la naturaleza, la vida en su más pura expresión, etc.. Pero nada de militarismo. Poco se ocupaba Atenas de las demás ciudades, que tenían que luchar con su propio presupuesto, labrar su tierra y comerciar para sobrevivir, dando, eso si, la correspondiente contribución a la ciudad madre: Atenas.
Los políticos se eternizaban en sus puestos; cuando su mandato se terminaba se las arreglaban para tener otro o bien ocupar algún otro puesto público, es decir nunca trabajaban y vivían de los erarios públicos.  Pero, ojo, eran excelentes oradores, grandes escritores, plumas ágiles y enormes creadores de conceptos, palabras y frases que hasta el día de hoy retumban en la boca de cualquier politiquero que saca la frase de algún almanaque o de “citas célebres”  de Google.
Y ocurrió que un día se vinieron los persas y….ahora? Mucha cultura, mucho Partenón, Templo de Zeus, Venus, y tanta cosa, no servía para la defensa. Los filósofos, sofos, pintores, escultores y demás yerbas se escondieron, se fueron, huyeron y los únicos que la pelearon en forma y defendieron la tierra fueron los espartanos. Ni hablar de los políticos; cuando los persas estaban todavía navegando hacia Grecia, éstos ya estaban emigrando hacia lugares más saludables. Cuando todo terminó, regresaron a “luchar por el pueblo”.
Han pasado dos mil quinientos años, más o menos. Ya de la vieja Grecia poco queda; los antiguos árabes se dividieron en cientos, miles de diferentes razas, de allí nace la hebrea que se va a esparcir por parte de Asia; de ella va a nacer un tipo que va a querer cambiar las cosas, que le da poca pelota a la política y detesta los políticos; entre judíos y romanos van a decidir matarlo, de la peor forma, no sea cosa que vengan otros como él y allí si, que nos cagan la fruta; los romanos hicieron la suya, formaron república, inventaron el derecho y crearon los acueductos; a los Celtas los echaron de todos lados, los Godos y Visigodos se esparcieron y los moros los rajaron de donde estaban; los Celtas se corrieron de un lado a otro dejando algo de sí en cada parte; los normandos invadieron unas islas, echaron a los que pudieron, arreglaron con los que no pudieron echar y formaron con los anglo y los sajones una nueva raza, ocuparon un territorio y se convirtieron en los raposos del mundo, ahora se hacen llamar ingleses.
La Santa Inquisición mató cientos de miles de personas en nombre de Dios y la Virgen y la “Spanish”,palabra Fenicia que significa “tierra de conejos”, le da pelota a un tipo que, con un huevo en la mano, convence a doña Isabel  que, del otro lado, “hay algo grande”  (y… razón no le faltaba, algo grande suele estar , no se si adelante o atrás de un huevo…o dos…depende); se va con tres cascaritas a navegar los “mare nostrum” y en el camino se tropieza con un pedazo de tierra, lo toma en nombre de….¿quien se creía que era para tomarlo digo yo?, pero en fin, así fue.    
Durante todos esos tiempos que pasaron, siempre estuvieron presentes los señores de la política; fueron los sabios, los señores dueños de la vida y la muerte, los creadores de las intrigas palaciegas, los que decidieron la muerte de  Sócrates, Filipo II o Julio César, los que acunaron el dicho que “la guerra es la continuación de la política por otros medios”, justificando la muerte de miles de personas con una sola frase; son los que estuvieron siempre en la cresta de la ola; los reyes del camelo;  los amos de la palabra; los que quemaron en una pira a Juana de Arco y después la convirtieron en Santa; los que pasaron por la guillotina a María Antonieta y Luis XVI en nombre de la “Liberté”, “Igualité” y Fraternité ; se reproducen  geométricamente, cada vez hay mas.
Pero fueron aprendiendo, modificándose, agrandando sus espacios; se metieron en todo y en todos.
Un político te esclaviza en nombre de la libertad; te roba lo tuyo en nombre de la igualdad; te usurpa los derechos en nombre de la fraternidad.   
Te miente con la verdad, mostrándote las barbaridades que otros hacen y de la que ellos fueron partícipes; te promete el cambio total, para después seguir en lo mismo. Un político es un profesional de la dialéctica, un maestro del sofisma, un técnico de la retórica, un enemigo de la moral y un desconocido para la ética.
Creo - estoy segurísimo-  que cuando Noé hizo el Arca , no puso ningún político adentro. Eso me hace pensar que aparecieron después. Entonces, debo colegir que la política y el político son producto de una desviación psicológica del ser humano  incrustada en los genes, que a través de los años se reprodujo geométricamente.
Lo peor de todo es que, por ahora cuando menos, no se avizora otra forma de vivir.
Mientras no haya otra opción mejor, seguiremos con los polis ticus y su politeia.
Por otra parte, ¿si no existieran, qué escribiría gente como yo?
Algo les tengo que agradecer, son fuente de inspiración.
Eso si, cuando un político me da la mano, la izquierda la pongo donde guardo la billetera.  Por si acaso. Vió?

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