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HABLANDO DE BOLUDOS Y BOLUDECES….

Muchas son las palabras a las que hemos dado otro sentido del que realmente tienen o tuvieron en su momento y, sea por el uso  y la  costumbre, por hacer comparaciones o simplemente por cuestiones de sintetización y comodidad, las incorporamos a nuestro léxico diario sin darnos cuenta que hemos cambiado su sentido y, la mas de las veces, su significado.
Sobre todo en la época en que uno es joven y tiene como modo de hablar cambiar el sentido de las palabras. Y no piensen que eso ocurre ahora, ocurrió siempre. Lo que sucede es que los mayores a veces nos olvidamos de nuestro pasado y nos asombramos, tontamente, de la forma en que dialogan nuestros jóvenes de hoy. Nos olvidamos que en aquellos años no pedíamos la hora si no que “nos tiraran las agujas”;  al corazón le decíamos bobo, igual que al reloj; el moderno y vivaracho era un “banana” y el ricachón o hijo de pudientes que vestía a la supermoda era un “caquero” mientras que los tradicionalistas eran solamente “petiteros”. Todos, además, tenían una forma de vestir, de hablar, de comportarse y, aunque parezca mentira, una filosofía de vida diferente.
Variar el idioma y darle un sentido distinto a ciertas palabras así como crear palabras nuevas, es una de las formas de la cultura y ha sido a través de los tiempos el motor fundamental del enriquecimiento del idioma.
Lo dicho hasta aquí, que valga como forma de introducción (y vaya que me costó encontrar la manera de “adentrarle” al tema).  Vayamos a lo nuestro.
Quienes hayan leído sobre historia de la humanidad, seguro no dejaron de leer o saber sobre el gran general que jamás fue vencido en ninguna batalla y que, después de conquistar el mundo conocido en esos tiempos (América aún no había sido descubierta) murió a los 33 años de edad. Se trata de Alejandro Magno y, algunos, habrán sabido de su estrategia guerrera, tomada o copiada de la famosa “falange Tebana”. Bien, este muchacho, Alejandro, utilizaba en sus huestes un cuerpo especial de hombres que gozaban de muchos beneficios y eran considerados soldados de elite, es decir especializados en alguna cosa y con misiones peligrosas muy significativas. Estos grupos de soldados, precursores de lo que hoy son los comandos, eran quienes hostigaban al ejército enemigo adentrándose sigilosamente en sus filas, apareciendo de golpe y desapareciendo de inmediato. Llevaban consigo, como única arma, una honda, que eran dos sogas o tientos largos con un cuero en su centro en el cual colocaban bolas de piedra, hierro u otro material, muchas de las veces impregnadas en aceite al que daban fuego antes de lanzarlas provocando estragos en las huestes enemigas. Asimismo Alejandro disponía de un cuerpo de estos hombres que, al momento del ataque frontal al enemigo, iban delante de la infantería y hacían sus lanzamientos como primer ataque y luego se abrían dejando paso a la tropa, lógicamente habiendo provocado disturbios y abierto una brecha en las filas enemigas.
Estos hombres eran llamados “honderos” aunque, en el idioma de esos tiempos se los denominaba de una forma que, traducido al español puede interpretarse como “boludos” que en el concepto final de la palabra se traduce como “los que llevan bolas o arrojan bolas”.
En la vieja España, en tiempos del castellano antiguo,  el término adquirió mayor relevancia, incluso se agregó otro: Pelotudo, dado que las esferas utilizadas por estos hombres parecían pelotas de un juego.
De esos nombres alguno sobrevivió hasta nuestros días, tal como “pelotaris”, que es el hombre que practica un juego parecido a la pelota paleta o pelota-frontón.
Corrieron los tiempos, se descubrió América, se la conquistó y descubrieron que, en este continente, los indios usaban- y hacían gala de su maestría en el manejo – un par de bolas que eran piedras redondas, forradas con cuero retobado y atadas a tientos largos que hacían girar sobre sus cabezas  y bien las lanzaban o golpeaban con ellas su objetivo. No todos usaban ese adminículo, solo algunos que se destacaban del resto y formaban huestes especiales. El español conquistador los empezó a llamar “boludos o pelotudos”.
Los indios de Cafulcurá, gran cacique de las pampas argentinas, tenía organizadas sus tropas en forma militar, recordemos además que dentro de su indiada se incluían oficiales, suboficiales y soldados chilenos (los “hermanos chilenos decían que eran renegados y desertores del ejército chileno que se incorporaban a las tolderías, yo creo que no) y sus ataques eran planeados de forma militar, es decir usando tácticas y estrategias netamente del blanco.  
 Cafulcurá tenía, al frente de su tropa y como custodia personal, un grupo de indios que portaban, además de su cuchillo y lanza, un juego de boleadoras, algunas de dos y otras de tres, en la que eran maestros en su manejo.
Este grupo de indios, en los ataques frontales, iban al frente de la indiada, revoleando sus boleadoras y, en algunos de los casos, cuando la circunstancia lo ameritaba, arrojándolas certeramente sobre alguien.
También eran los que encabezaban las cacerías, dado que con sus boleadoras “maneaban” al animal y luego venían detrás quienes lo sacrificaban; en las grandes batidas indias para capturar caballos salvajes, éstos “boludos” eran quienes, con esa arma tan especial, boleaban el caballo de las patas permitiendo su captura.
El gaucho, el soldado de fortín y no pocos escritores de epopeyas de la pampa, usando el término en su acepción hispánica, llamaron a estos indios “boludos o pelotudos”, dado que utilizaban las boleadoras, que el gaucho copiaría y aprendería a  usar con maestría.
Han pasado muchos años desde aquéllos tiempos. El término en el sentido que le damos actualmente, comenzó a utilizarse a finales del siglo XIX y no solamente en argentina puesto que –con las diferencias y traducciones propias de cada idioma- en todo el mundo se denomina de esta forma a una persona tonta, pacata, estúpida o de pocas luces; de la misma manera se llaman las acciones que este tipo de gente realiza, es decir a quienes hacen o dicen cosas fuera de lugar o tontas (pelotudeces, boludeces).
Yo, en particular, creo que tanto a los soldados de Alejandro, por mas cuerpo especial y elite que fuera, como a los indios de Cafulcurá, se los llamó así porque, amigos, ¡ hay que ser bien boludo para ir al frente de una tropa, con un par de bolas o con una honda tirando piedras, mientras que el enemigo te espera alegremente con una lanza o un Rémington!.
Hasta la próxima.

                                                                           Pedro Emilio Carlini

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